08.06.2016

Costas Infinitas

Capturando las vistas de Dyrhórlaey

Una historia de viaje por Merlin Kafka.

Explorando la vasta costa de Islandia es algo que recomendaría a cualquiera que planea visitar el país.

¿Dónde comenzar? Dyrhólaey es el lugar ideal para hacerlo, ya que no sólo es escénico en sí mismo, sino que también ofrece vistas impresionantes en cualquier dirección. Al este se puede obtener una vista sobre Reynisdrangar, una impresionante formación rocosa que se levanta del océano al lado del continente. En dirección oeste se encuentra la costa sin fin, que conduce hacia Selfoss, un lugar que cautivará a cualquier con su espuma blanca constantemente barriendo la playa de arena negra.

Cuando yo estuve allá, fue un viaje lluvioso hacia Dyrhólaey, pero al llegar, la lluvia se detuvo repentinamente. Una fuerte ventisca me recibió, lo cual fue una gran prueba para mi resistencia, un desafío que disfruté tomar y vencer.

Caminé hacia el borde del acantilado, con el cielo cubierto con una enorme nube. No oía nada más que el viento que soplaba, un arco de lava gigante de repente hizo su aparición delante de mis ojos. Había visto fotos de estas vistas antes, pero no me di cuenta de que el arco estaba ubicado en ese mismo lugar, mi reacción fue llenarme de sorpresa. Llena de emoción, intenté crear una imagen que expresara la inmensidad del paisaje y la atmósfera misteriosa. Definitivamente, fue un punto culminante cuando las nubes se abrieron levemente para revelar ligera pero majestuosamente los rayos del sol.

Dyrhólaey también cuenta con un faro pintoresco que tiene casi 100 años de edad y situado en la parte superior del acantilado.

Desafortunadamente, las condiciones climáticas ese día se mantuvieron igual, y el cielo cubierto por esas enormes nubes significaba que habría cero visibilidad para la puesta de sol. La ubicación en el sur central de Dyrhólaey coloca a este imponente lugar a sólo 15 minutos en vehículo de Vik, una pequeña ciudad con poco más de 300 habitantes, curiosamente la ciudad más grande y poblada en un radio de 70 kilómetros. Decidí terminar allí mi día.

Viendo mis fotografías de nuevo, el paisaje escabroso e indómito de Dyrhólaey parece algo sacado directamente de alguna escena de película. Sin duda alguna, una visión que mantendré como un valioso recuerdo durante mucho tiempo.

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